Por: Daniel Rojas Arboleda
La tensión aumentaba en el ambiente a medida que el personaje de Humphrey Bogart, Rick Blaine, intrigaba, con la aparente intención de aislar de su vida a Victor Lazlo, el personaje de Paul Henreid, y quedarse con la esposa de éste, la única mujer que había amado.
El hombre del sillón apretó a su esposa con más fuerza y dijo en un susurro.
-Gracias a Dios esto es solo ficción.
Había en sus palabras un deje de mentira, de falta de convicción, pero fueron como un elixir que aliviaron un poco la tensión en la espalda de la mujer. La besó en la mejilla y dirigió de nuevo su atención a la pantalla.
La recurrencia de la tonada Time goes by, dibujaba un amor idílico en la gruesa voz de un hombre de color, fiel en la amistad hacia otro más extraordinario, o en las notas sinfónicas que engrandecían una película cuyos planos eran adecuados a cada situación: Planos generales del café de Rick para dar la sensación de incertidumbre, de inseguridad, de la insignificancia de sus invitados; primeros planos de los rostros en los momentos en que los personajes debían tomar las decisiones más cruciales; planos detalle que hacían más comprensibles situaciones o actitudes de algunos personajes.
Aquél hombre que abrazaba a su esposa se había acercado al cinema esperando encontrar una película de amor ligera, que les haría pasar un rato agradable. Pero lo que sus sentidos percibían en ese momento era algo majestuoso. Una trama elaborada de eventos en los que se encontraban las voluntades de diversos hombres y mujeres buscando escapar de su pasado, escapar de la muerte y de la vida prisionera que se imponía en la ciudad de Casablanca.
También se había encontrado evocando momentos de su vida que pretendía olvidar a toda costa. Recuerdos del bien y del mal, de luz y oscuridad, como aquellos que encerraba la memoria del protagonista del filme y que lo obligaban a debatirse entre su propio beneficio o el de una causa mayor a sus problemas que, él mismo reconocería más tarde, eran insignificantes al lado de los engranajes que mueven al mundo y su historia. En Rick él percibía el caos de la noche y el día, así como en lo que había sido su propia vida, su propio camino, en el que vio morir a su hijo bajo un techo ajeno y sobre un suelo duro, acariciado por el viento invernal. Si tan solo hubieran alcanzado el bote a tiempo…
-Loui, creo que este es el comienzo de una hermosa amistad.
Las palabras de Bogart, o de Rick, ya no podía estar seguro, le sacaron de sus cavilaciones. El aumento en la intensidad de la música y el logo de
La claridad se esparció sobre la negrura del mundo cercano y la figura de su esposa apareció, disminuida, recogida en un dolor profundo, acentuado por sus ojos enrojecidos y húmedos. Él buscó su rostro por primera vez desde que entraran a ese teatro, uno de tantos en la ciudad de Los Ángeles. La miró de veras, como buscando su alma, y tuvo la certeza de que no la miraba así desde que abordaran aquella embarcación en el puerto de Marsella, hacía una eternidad para ellos, hacía tan solo tres años para el mundo y su historia.


